Un Pingüino Vuelve A Casa

Una vez tomada la decisión me levante de mi fosa y ante la atónita mirada de los que ahí se encontraban, con la mirada en alto me dije es hora de seguir mi camino… pero… ¿Cual era mi camino?… lo que es más… ¿Quien era yo?… De pronto muchas dudas saltaban a mi cabeza… ¿Que pasaba?… No comprendía nada de lo sucedido… Buscando aclarar mi mente decidí mojar mi cara con el agua de una fuente cerna y al acercarme… ¡Oh sorpresa!… ¡Mi aspecto era diferente!… Ya no era yo el mismo humano de siempre… Lo que es más, ya no era humano… Tenia el aspecto de un ave… Pero no de cualquier ave… ¡Era un pingüino!

No comprendía lo que pasaba… ¿Un pingüino?… ¿Estaba yo alucinando?… Me senté un momento en una banca cercana tratando de asimilar lo que mis ojos veían… Fue entonces cuando recordé que mientras me encontraba en ese lugar frío lleno de almas había visto como algunas almas mutaban ante mis ojos, las almas de apariencia humana se transformaban en almas de ratones, perros, víboras y algunos otras animales y como otras de apariencia animal se transformaban en almas humanas y en ese momento entendí, mi alma también había mutado…

Sorprendido aún me dije a mi mismo que no tenía caso pensar mucho al respecto, después de todo reencarnar no es algo “normal” y obvio tenia que tener efectos secundarios, en especial tomando en cuenta que acelere mi reencarnación y habiendo dicho esto emprendí el camino a casa.

Mientras caminaba trataba de ordenar mis ideas, todo seguía muy confuso, me sentía diferente, cosa obvia, después de todo ahora era un pingüino, me di cuenta de que había olvidado casi todo, pero aún recordaba a mi nakama, a esas voces que me pedían regresar, decidí acelerar el paso.

Al llegar a casa mi hermana abrió la puerta, al principio tenia una mirada triste pero al verme inmediatamente corrió a abrazarme, me abrazo tan fuerte que me dejo sin aliento temporalmente, después con lágrimas en los ojos y con una voz entre cortada me dijo “¡Regresaste! ¡Sabía que lo harías!”, era evidente que me había reconocido inmediatamente, lo cual me sorprendió pues, después de todo, era ahora un pingüino, ella noto mi mirada confusa y pregunto “¿Qué pasa?”, “¿Me reconoces?” pregunte yo, “No digas tonterías, eres mi hermano, como no voy a reconocerte” respondió, “Pero, ¿No lo notas? ¡Ahora soy un pingüino!” replique, ella me devolvió una tierna mira, una mirada de esas que solo las personas que te quieren de verdad pueden brindar y contesto “Tonto, no importa si eres un pingüino, un humano o un ratón, eres mi hermano y el cariño que tengo por ti me permitiría reconocerte aún si una silla fueses”, escuchar esas palabras lleno de paz mi alma, no solo había reencarnado, mi alma era ahora más fuerte que nunca, era el alma de un pingüino.

Continuara…